Canal Once, el Engaño

Canal Once, el Engaño

Con el calderonismo se retornó a las peores prácticas de una televisión del régimen priista, como si nada hubiera cambiado.


Jenaro Villamil para Kaos en la Red

¿A quién quiere engañar Felipe Calderón cuando afirma que el Canal Once se convertirá en “una televisión pública que promueva el debate democrático de las ideas” y que su naturaleza es la de “una televisión del Estado mexicano pública, gratuita, abierta y plural”?

El anuncio realizado en transmisión simultánea –ya vimos que a Calderón le encantan los “encadenamientos” de sus mensajes- se produjo en las instalaciones del antiguo canal educativo del Instituto Politécnico Nacional. En esencia, fue la formalización de una mayor cobertura de esta señal para llegar al 42 por ciento del territorio nacional, incluyendo capitales como Guadalajara, Jalapa o Morelia. Anunció que “en breve” se incorporarán las ciudades de Mérida, Monterrey, Oaxaca y Durango a la cobertura de Canal Once.

Durante ese evento no hubo sociedad civil sino el conjunto de la burocracia de medios gubernamentales de la administración federal, la misma que con escasos recursos ha tratado de hacer en algunos medios un trabajo digno, a pesar del menosprecio de Los Pinos o el acoso incesante de Max Cortázar para convertir a estas señales en prolongaciones de la propaganda calderonista. Ni siquiera estos funcionarios creen que se trata realmente de una “tercera cadena pública”.

Se trata de una señal para la propaganda calderonista. Se busca el control político nuevamente de los medios permisionados para uniformar sus contenidos informativos, excluir a voces críticas y copiar los formatos de la televisión comercial para transformarlos en una especie de divertimentos burocratizados por la alta ineficacia telegénica de quienes administran Canal Once.

Basta ver lo que ha sucedido con la barra de programación de Canal Once durante este sexenio. Hubo varios intentos para desaparecer programas “incómodos” como el debate de los hombres de negro o el programa “Aquí nos Tocó Vivir” de Cristina Pacheco que no coinciden con la idea de infoentretenimiento de su director Fernando Sariñana. Se pirateó la idea de “Discutamos México” que inició el Canal 22 para volverlo una proyección de las fantasías calderonistas durante el Bicentenario y el Centenario. Se modificó el formato de los noticieros para que las notas principales sean las declaraciones de los miembros del gabinete, incluyendo a la primera dama Margarita Zavala, como si se tratara de una pasarela de funcionarios de una televisión soviética: sin imaginación, sin contraste crítico, sin hechos que informar. Se incorporaron programas con los nuevos géneros híbridos de la televisión (realities, concursos, talk shows, docudramas), pero sin una propuesta realmente alternativa para las audiencias. Se clausuró, sin explicación alguna, la figura del obudsman de las audiencias de Canal Once porque al director cinematográfico que dirige esta señal le pareció aburrido atender los derechos de las audiencias. Se eliminó todo punto de vista crítico hacia el modelo de la televisión guiada por el rating y Canal Once no volvió a promover ningún debate profundo sobre la reforma a la Ley Federal de Radio y Televisión.

En fin, Canal Once se volvió una televisora dócil, cómoda no sólo para el gobierno federal sino para Televisa y TV Azteca. Sariñana fue de los primeros en firmar ese fraude telegénico llamado Iniciativa México, como si se tratara de una iniciativa del propio Instituto Politécnico Nacional.

Nunca fue un canal plenamente autónomo ni mucho menos un canal de la sociedad civil, pero durante décadas Canal Once fue cuidado por sus productores y algunos directores para que mantuviera una identidad propia, más allá de los vaivenes sexenales. Algunos lo lograron, otros no tanto. Pero con el calderonismo se retornó a las peores prácticas de una televisión del régimen priista, como si nada hubiera cambiado.

Incluso, hubo una operación burocrática altamente cuestionable. La creación por decreto del Organismo Promotor de Medios Audiovisuales (OPMA) implicó sacar de la esfera educativa (la SEP) la dirección de los medios oficiales para que retornara a la Secretaría de Gobernación, como si se tratara de un asunto de control político y no de proyecto cultural.

Miente Calderón cuando afirma que “la televisión pública mexicana seguirá siendo el emblema de la televisión educativa, cultural e informativa. Fortalecerá los valores que enriquecen y nutren nuestra mexicanidad”. Miente porque el mismo anuncio es un ejemplo de que se trata de instrumentalizar el Canal Once para volverlo la “señal presidencial”. Lo público se confunde con lo gubernamental y la televisión educativa se transforma en una televisión de propaganda.

¿Por qué no estuvieron los anteriores directores de Canal Once? ¿Por qué se han excluído las experiencias previas de una señal que ha aportado mucho a la cultura televisiva mexicana?

Esta es la principal muestra de que se trata de un modelo excluyente, autorreferencial y, a fin de cuentas, sin el menor interés en el servicio público.

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No Responses to “Canal Once, el Engaño”

  1. En verdad deprimente saber esto. Yo dejé de ver televisión porque no tiene nada bueno que ofrecer. Poco son los canales que ofrecen una alternativa. Vivo en Guadalajara y la única televisora que vale la pena es canal 7. Siempre he soñado que a esta ciudad llegue la señal de canal 22 y 11; así mismo, he soñado con que en México tengamos más canales de televisión con contenido que valga la pena. La televisión mexicana – TV Azteca y Televisa – es un bodrio.
    No digo que la televisión sea un medio para aprender y se deje de lado los libros, revistas y periódicos, pero como medio audiovisual otorga una gran amplitud para la difusión de temas de interés y que sean complementarios a los otros medios como la radio y los medios impresos.
    En cierta forma, Internet es una opción, una alternativa a la mediocridad existente en la televisión mexicana. Yo, como ser individual, dentro de Internet, tengo la opción de ver y qué no ver; tengo un amplio panorama para hacerlo. En la televisión abierta no lo tengo. La única elección posible es: ver la medianía de la programación presentada o apagar la televisión; una tercera sería – y que algunos lo hacen – contratar la televisión privada. Pero ello no debería ser así.

  2. Yo ví RENACER a Canal Once. Fuí un orgulloso creador de la televisión cultural mexicana, cuando nadie creía en ella. Rindo crédito y respeto a Don Pablo Marentes, que en aquel periodo, supo dirigir un proceso que transmutó a una pequeña repetidora experimental, del IPN, en un verdadero Canal de Televisión Abierta y Cultural, de gran visión nacional. “Fiestas de México”, “Comunidades Indígenas”, “Yo, Trabajador”, “Los Hombres del Alba”. “Reflexiones”, con Eduardo Matos Moctezuma, “Confrontación”, con Don Guillermo Mendizabal, “Tiempo de Niños”, “La Ventana Infantil”, que fue capaz de arrebatarle el 50% de su tele-auditorio a Canal Cinco. Yo estuve en todos esos equipos, que hicieron posible una verdadera Televisión Cultural de Estado. Todas esas series, y muchas más que no fueron de mi autoría, recibieron premios y homenajes, tanto nacionales como internacionales.
    ¿Qué sucedió después? ¿A qué serie de telarañas burocráticas y políticas se vió arrastrado el Canal Once, desde la triste dirección de la ignorancia, que comenzó con Alejandra Lajous? ¿Cuál es AHORA su penoso destino, en manos de estos perniciosos políticos-criminales?
    No me da tanta pena que ésto suceda. Nos enseña, a los Mexicanos de Corazón Verdadero, que no debemos dejarnos arrebatar lo que ES DEL CORAZÓN DEL PUEBLO. Recuperaremos Canal Once, paso a paso, conforme avance la Revolución de la Armonía que YA COMENZÓ A DESPLEGARSE, aunque aún no se perciba del todo. Volveré a hacer ahí series VIVAS, que nos muestren nuestro verdadero rostro, sin tapujos y sin penas; sin prejuicios y sin censuras; como nos dejó hacerlo Marentes, aguantando los coletazos de los Dinosaurios, evitando el conflicto, construyendo un Sueño de Televisión cultural verdadera.
    Recuperemos Canal Once para el Pueblo. Lo Recuperaremos, pues el ONCE lo llevo en la Sangre y en el Corazón, grabado con un Fuego que no Quema.
    Lo Recuperaremos.

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