La ley no protege a obreras, incluso niñas, de la maquila poblana

Guadalupe Cruz Jaimes
Adital

Un año y medio después de que Reina Ramírez, de 25 años de edad, dejó de trabajar en la maquila, seguía arrojando bolas de pelusa por boca y nariz debido a una enfermedad de las vías respiratorias que le provocó su trabajo durante una década en la industria textil de Tehuacán, Puebla, considerada “La capital del blue jeans”. Integrante de la Comisión de Derechos Humanos de Tehuacán, recuerda los malos tratos, humillaciones y sobre todo la presión a la que era sometida por los supervisores en la maquila.

Hoy cerca de 25 mil trabajadoras y trabajadores de la región, de los cuales el 65 por ciento son mujeres, continúan padeciendo violencia laboral, término que se desprende de la Ley para el Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia del Estado de Puebla.

El Artículo 13 de la norma poblana se define la violencia contra las mujeres en el ámbito laboral o docente como “el acto u omisión de exceso de poder que daña la autoestima, salud, integridad, libertad y seguridad de la ofendida e impide su desarrollo”.

Los agresores, dice la ley, son personas que tienen un vínculo laboral o docente con la “ofendida”, de manera independiente a la relación jerárquica. Además, señala que puede tratarse de una sola agresión que cause el daño o una serie de éstas. La norma también penaliza el acoso u hostigamiento sexual en estos ámbitos “en términos de lo dispuesto en la ley de la materia”.

De igual forma, puntualiza en su Artículo 14 que la violencia laboral consiste “en la negativa ilícita a contratar a la ofendida o a respetar su permanencia o condiciones generales de trabajo; la descalificación del mismo, las amenazas, la intimidación, las humillaciones, la explotación y todo tipo de discriminación por condición de género”.

En Puebla el 37.1 por ciento de las mujeres mayores de 15 años sufrió alguna agresión o acoso sexual por parte de sus patrones o compañeros de trabajo, debajo sólo de la violencia comunitaria que, según la estadística, la ha padecido un 39.7 por ciento, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, realizada en 2006.

Tehuacán

En Tehuacan, las 16 mil 250 trabajadoras de la maquila, dedicadas principalmente al ensamble y la costura, laboran entre 10 y 12 horas, ganan de 350 a 700 pesos semanales y al menos la mitad de ellas no cuenta con seguridad social, porque se emplean en medianas y pequeñas empresas, manifestó Reina Ramírez.

Están también las que trabajan en su domicilio, a quienes los empleadores no les respetan el salario mínimo, y se explota también la mano de obra infantil, dice el informe: Tehuacán: del calzón de manta a los blue jeans, realizado por la Comisión de Derechos Humanos de Tehuacán (CDHT) y la Red de Solidaridad de Maquila (RSM), con sede en Toronto, Canadá.

Tampoco gozan de seguridad social ni de otras prestaciones y realizan hasta 300 piezas en una jornada de 8 horas, señala un documento de 2002 sobre las obreras de la maquila que laboran en su casa, datos que confirma Reina Ramírez, quien informa también que hay un incremento de esta modalidad, de la cual no existe ningún registro.

Niñez obrera

La infancia que se desempeña en la industria textil ayudando a sus madres en casa casi nunca percibe ningún tipo de remuneración, agregó Ramírez.

En Tehuacan, para ingresar a la maquila sólo se necesita saber leer y escribir y se contrata a menores de hasta 11 años. Reina Ramírez, la segunda de seis hermanas y hermanos empezó a trabajar a los 13 años en “los talleres chicos”, donde aprendió a coser para aportar a la economía de su hogar. Durante la década trabajó en diez empresas, entre ellas Tarrant Apparel Group y Vaqueros Navarra, las más grandes de la región, situación común debido al constante cierre de las maquilas, refiere la CDHT y la RSM.

Reina, que dejó de trabajar en la industria textil de Tehuacán a los 23 años de edad, es originaría de esta región, a diferencia del 80 por ciento de la base trabajadora que son indígenas migrantes de otros municipios de Puebla, Oaxaca y Veracruz.

La mayoría de las más de 16 mil trabajadoras del ramo son madres solteras, porque “aquí se casan muy jóvenes, se dejan pronto y la mujer tiene que trabajar”, explica Reina. Ser madre soltera es una “razón” por la cual los supervisores de la maquila hostigan y acosan sexualmente a las trabajadoras pidiendo favores sexuales a cambio de permisos o para que conserven el empleo. “Una vez uno de ellos se llevó a una señora a los baños, a donde nadie los viera, y la amenazó con correrla si no se iba con él”, relata Reina.

Según el análisis de la Comisión de Derechos Humanos de Tehuacán y la RSM, las condiciones laborales de las y los trabajadores de la maquila se caracterizan por el maltrato, humillaciones de los supervisores y la discriminación contra el personal indígena, así como el acoso y hostigamiento sexual hacia las mujeres, contemplado, junto con las anteriores agresiones, en la Ley para el Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia del Estado de Puebla, que entró en vigor en 2007.

A seis años de esta investigación, de acuerdo con Reina Ramírez, quien desde su salida de la industria textil imparte talleres a las y los trabajadores sobre sus derechos, las condiciones siguen siendo las mismas en el trabajo en línea. “Adentro hay mucha presión por parte de los supervisores y entre las y los compañeros para sacar el trabajo lo más rápido. Es un ambiente de tensión y hostilidad”, describió.

La diferencia, dijo, consiste en que ahora con el cierre de las maquiladoras, al menos cinco en el último año, la migración hacia Estados Unidos, sobre todo masculina, ha aumentado.

Contratos de protección patronal

“En la maquila estamos por necesidad, por un salario, a falta de otro trabajo donde se respeten nuestros derechos”, como la seguridad social y contratos que permitan hacer antigüedad y conservar derechos, señala Reina. Los contratos en la maquila, como en otras empresas en el país, obligan a las y los trabajadores a firmar contrato cada 28 días.

Esto se debe, afirmó Reina Ramírez, a que la mayoría de los contratos son de protección patronal, firmados por sindicatos “charros”, entre ellas la Confederación de Trabajadores de México, los cuales propician la explotación de la mano de obra en la región. A eso se suma la inestabilidad económica y la inseguridad en el empleo, los problemas de salud que sufren las trabajadoras y trabajadores y que son “graves”, incluso se estima que su vida laboral es tan sólo de 10 años.

Tal como lo menciona la Ley para el Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia del Estado de Puebla, cualquier acto u omisión que dañe la salud de las trabajadoras es violencia laboral es un delito. En el caso de Reina, respirar durante 10 años la pelusa que se desprende de la mezclilla le generó una alergia al polvo y la pelusa que tendrá que controlar a lo largo de su vida, al igual que los frecuentes malestares de las vías respiratorias cuando la temperatura baja.

A ello, deben sumarse los problemas de visión que padecen “muchas trabajadoras”, porque en las maquilas no hay luz suficiente para realizar sus tareas. Pero mientras la Ley no se exprese en los códigos locales, la situación en la que se encuentra gran parte de las trabajadoras de la maquila, incluidas menores de edad, en “La capital de los blue jeans”, continuará siendo de violencia laboral, fenómeno que con el tiempo, en lugar de desaparecer, se acentúa.

[Despacho de Argenpress.info que cita como fuente a CIMAC.org]

http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=36453

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