Othón Salazar: Maestro, Hombre de Bien y Revolucionario Auténtico

Ha muerto el Maestro Othón Salazar

Maestro Othón Zalazar

Maestro Othón Salazar Ramírez

ADOLFO SÁNCHEZ REBOLLEDO
Domingo, 07 de Diciembre de 2008

Para Ligo

La Montaña de Guerrero está de luto y junto a ella incontables ciudadanos de nuestro país. La muerte de Othón Salazar, maestro, hombre de bien, revolucionario auténtico, es motivo de dolor para el pueblo que lo vio nacer, para sus camaradas de ayer y de hoy, para los que tuvimos el orgullo de beneficiarnos de su trato siempre afable y cordial y, sobre todo, de sus lecciones vivas de dignidad.

Cuando se escriba la historia de la lucha por la justicia social del siglo XX, la presencia del maestro guerrerense ocupará un alto sitial en la conciencia nacional, junto a otros ilustres mexicanos que lo dieron todo sin pedir nada a cambio. En Othón no hay divorcio entre lo que se piensa y se vive. Su vida es ejemplo de austeridad privada y coherencia pública.

Dotado de una extraordinaria energía personal anclada en la voluntad de aprender, deja el hogar familiar alcozauquense para emprender la aventura del magisterio que en él será el ejercicio de un destino vocacional y realización práctica del proyecto de emancipación social que anima sus pasos. El profesor Salazar surge de la escuela normal creada por la Revolución Mexicana como sustento de una nueva sociedad nacional. Allí aprende los valores constituyentes del laicismo, asume los principios de la igualdad e incursiona en las doctrinas socialistas que nunca abandonará. Forjado en el clima moral del cardenismo que halla una de sus cúspides en la gesta de la educación rural, las inquietudes del joven maestro crecen en la medida que profundiza sus conocimientos, afinando las armas de la inteligencia y la palabra. Muy pronto, sus compañeros reconocen en él al dirigente confiable, capaz de representarlos siempre con genuina modestia, pero con absoluta firmeza. Esa voluntad de no tolerar las injusticias que abruman a la sociedad mexicana lo harán el militante íntegro, cabal, que sus contemporáneos conocieron y respetaron.

Dotado de una extraordinaria capacidad para expresar sus ideas con claridad y emoción, para defenderlas con firmeza pero sin ofuscamiento, Othón escribirá una página memorable en los patios de la Secretaria de Educación Pública, donde los maestros resisten al oprobio. Ese episodio, acaso el más conocido de todos, no será el único.

De hecho, a través de los años su voz se escucha clara y vibrante en las plazas públicas de los pueblos del Sur, atrofiados por el hambre y el olvido; en el teatro Ideal de aquél 1959 donde su voz resuena con aires radicales al saludar a la primera delegación del Ejército Rebelde fidelista, en las reuniones partidistas a las que siempre lleva el mensaje de los más desamparados, en los salones del poder legislativo a los que la izquierda acude para cambiar a México, en las marchas por la dignidad a través de los páramos de La Montaña portando la bandera tricolor, a la cabeza de los indígenas que exigen justicia no caridad hablando el lenguaje universal de la esperanza, en el Palacio Municipal de Alcozauca donde los niños aprenden a amar a Vicente Guerrero y a poner por delante ese indestructible proyecto de futuro que para él es la patria liberada.

o-salazar

Cuando la historia lo llama a defender los intereses del magisterio oponiéndose a las oscuras maniobras oficiales, la figura de Othón crece ante la miseria moral de sus adversarios: los funcionarios de la Secretaría de Educación Pública; los prevaricadores de la “clase política” oficialista; los falsos representantes sindicales que ya entonces, hace más de medio siglo, pretendían regentear a su antojo la organización que en teoría debía representar los intereses legales e históricos de los maestros. En medio de aquella lucha desigual, Othón comprende que el abandono secular de la enseñanza no era, solamente, el resultado pernicioso (pero corregible) de algún mal gobierno: había algo más: la subestimación del magisterio como un protagonista importante en la vida nacional reflejaba, en exacta proporción, el ascenso de la burocracia sindical suplantando la voluntad democrática de los propios maestros.

Así, esa lacra conocida con el charrismo, venía a cancelar junto con otros derechos básicos, la posibilidad de hacer de la educación pública la gran palanca que el desarrollo humano estaba exigiendo. Simplemente los intereses dominantes la habían instrumentalizado para servir al propósito de mantener el control. Planes e inversiones se multiplican, es cierto, pero la educación mexicana, sin la participación democrática de los maestros, no consigue salir de la crisis. El resultado, lo estamos viendo, es la sustitución de la enseñanza fundada en el laicismo como un medio para la emancipación positiva de la mayoría por una visión poco comprometida con la renovación ética y cultural de la nación.

Habérselos recordado a gobernantes autocomplacientes en plena euforia desarrollista fue el mayor delito de Othón Salazar. Él no se conformó con un magisterio dócil, cautivo del juego gremial, poderoso en potencia pero pasivo y débil en los hechos. Por eso sufrió represalias, despido, cárcel, ninguneo. Para él, y así lo dijo muchas veces, la crisis de la educación solo podía resolverse mediante una perspectiva de Estado, es decir, a través de una gran reforma nacional. Y ésta, para ser eficaz, tenía que apoyarse en la conciencia autónoma de las masas, en sus organizaciones gremiales y políticas y en la movilización sin tregua en defensa de sus ideales. Sólo desplazando del poder a los grupos de poder que administraban la pobreza amparados en promesas y demagogia sería posible construir el futuro.

Despojado de su plaza laboral, (la cual para vergüenza de las autoridades educativas jamás le fue reintegrada) el maestro Othón no se resignó a vivir de rodillas. Prosiguió la lucha patriótica en defensa de los humildes. Su voz retumbó en los pueblos, alertando a los trabajadores o dialogando con los universitarios. Incansable, optimista y congruente con sus ideas, jamás hizo a un lado los principios socialistas. Al contrario, éstos se
fortalecieron en la tierra que lo vio nacer y morir. Aquí, en su municipio natal, colaboró al triunfo del primer ayuntamiento de izquierda de la época moderna, haciendo posible el despliegue de la democracia a través de La Montaña entre las comunidades indígenas, históricamente olvidadas por todos. Hoy nos unimos en homenaje póstumo al alcozauquense más importante de su historia. Por una vez, la izquierda se muestra unánime en el reconocimiento. Ojalá y también sepa aprender de las enseñanzas esenciales del Maestro: su humildad, la tenacidad, el buen ánimo y su rechazo a las componendas sin
principios, su fidelidad a la gente humilde, la congruencia personal sin la cual no hay proyecto colectivo digno de tal nombre.

A los habitantes de Alcozauca, a la gente de La Montaña, a sus familiares y camaradas, un adolorido abrazo. No te olvidaremos Othón.


Joya del Agua, 4 de diciembre de 2008, Jiutepec, Morelos.

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Tanalís Padilla, Profesora del Dartmouth College. Su libro Rural resistance in the land of Zapata: the jaramillista movement and the myth of the paxpriísta, 1940-1962, publicado por Duke University Press, aparecerá el próximo octubre

Othón Salazar: la dignidad revolucionaria

Opinión La Jornada

A sus casi 84 años de edad Othón Salazar se sigue expresando con la tonalidad de un gran orador. Sus palabras son precisas y en ellas se vislumbra esa preocupación social que tanto se le impregnó al magisterio durante el cardenismo. Desde muy joven Othón cultivó su habilidad como orador. Solo, se ponía a practicar en el campo. “Yo me fijaba que no hubiera nadie -relata-, pero una vez estaba un campesino escondido y escuchó el discurso y cuando yo terminé salió y me dijo ‘le sale bien’.” Othón, como otros líderes populares, encarna un proceso social más amplio y su lucha al frente de los maestros fue un importante ejemplo de la defensa de los logros revolucionarios que, a través del siglo XX, se seguiría dando en México.

El movimiento magisterial exigia el reconocimiento de sus representantes sindicales seccionales encabezados por Othón Salazar, quien fue sometido a violentos interrogatorios y encarcelado

El movimiento magisterial exigía el reconocimiento de sus representantes sindicales seccionales encabezados por Othón Salazar, quien fue sometido a violentos interrogatorios y encarcelado

Hijo de padre panadero y madre campesina, Othón tuvo que trabajar desde muy chico. De niño salía a cortar leña a las tres de la madrugada. En la oscuridad le era difícil distinguir entre las ramas secas y las verdes, pero para el amanecer tenía que llegar a su casa con un tercio de leña. De allí se iba a la escuela. “Quizás por eso -reflexiona- la escuela fue para mí algo que sin que nadie me dijera nada yo sentía la necesidad de aprovechar cuanto se pudiera.”

Othón llegó a la normal de Oaxtepec en 1942. Allí, “los maestros veían los últimos relámpagos de la revolución. Eran maestros y maestras todos con inquietudes sociales”.

Cursó sólo el primer año en Oaxtepec. El segundo lo hizo en Ayotzinapa y el tercero en la Escuela Nacional de Maestros. Después ingresó a la Normal Superior, donde estudió cuatro años, especializándose en ciencias sociales para la enseñanza del civismo. En 1954 sería importante dirigente de la primera huelga de la Normal Superior.

Cuando, en 1956, los líderes oficiales del SNTE negociaron un incremento salarial que no llegaba ni a la mitad de la demanda inicial, Othón decidió convocar a un mitin de protesta. Poco después, una asamblea independiente lo eligió representante, formando las bases para el Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM) que se constituiría a finales de 1957 y cuya presencia en las escuelas primarias del Distrito Federal se iría expandiendo. En el siguiente año el MRM estaría al frente de una de las luchas magisteriales más importantes. Las movilizaciones a las que convocaba eran atendidas por un amplio sector social, y el gobierno, al reprimirlas, como hizo con la marcha del 12 de abril de 1958, fomentaba un descontento social que llevaba años gestándose. Mientras las autoridades rehusaban reconocer al MRM, éste tenía cada vez más capacidad de convocatoria y el 30 de abril los maestros tomaron las oficinas de la SEP y obligando al gobierno a negociar.

En agosto, en un congreso paralelo, los maestros de la ciudad de México eligieron a Othón como su legítimo representante, pero ante este gesto de autonomía sindical, la posición del gobierno se fue endureciendo. La manifestación del 8 de septiembre fue reprimida, y Othón, aprehendido. Las autoridades llegaron temprano a su casa, lo amarraron y lo vendaron. Lo sometieron después a violentos interrogatorios y le exigieron que confesara cuántos rublos recibía de la Unión Soviética. Lo mantuvieron secuestrado nueve días antes de procesarlo. Acusado de disolución social, fue encerrado en Lecumberri, pero, gracias a las grandes movilizaciones por su libertad, permaneció allí sólo tres meses.

Efervescencia laboral

El Movimiento Revolucionario del Magisterio realizó tres congresos Congresos de Masas y marchas multitudinarias

El Movimiento Revolucionario del Magisterio realizó tres congresos Congresos de Masas y marchas multitudinarias

El año de 1958 fue de gran efervescencia laboral y los maestros del MRM estuvieron entre sus principales protagonistas. Ese mismo año las movilizaciones de los telegrafistas, petroleros y ferrocarrileros conmovieron al país. Las luchas tenían sus orígenes en demandas económicas, pero su aspiración por la democracia sindical tenía implicaciones mucho más amplias, que sacudirían las estructuras mismas del PRI. A una década del charrazo y en pleno milagro mexicano, los trabajadores mostraban con su inconformidad las condiciones laborales que las estadísticas del milagroso crecimiento económico ocultaban. Su presencia desmentía otro mito, el de la llamada paxpriísta. La represión del gobierno sería un presagio de la brutalidad oficial que se cometería 10 años después en la plaza de Tlatelolco.

Con mano dura el gobierno lograría derrotar estos movimientos que se proponían democratizar al sistema. Pero no pudo silenciar a los participantes, que seguían empeñados en mantener vivas las causas populares. Othón continuaría su lucha en el magisterio y en 1960 participaría en otra huelga en la Escuela Nacional de Maestros. Pero esta toma de la normal por la corriente democrática de la sección 9 del SNTE fue reprimida y en represalia Othón fue cesado, una condición que padece hasta el presente. Desde entonces ha vivido una situación económica precaria, agraviada ahora por su avanzada edad. Sin embargo, sigue regresando a Alcozauca, su natal pueblo en Guerrero, y recorre la región de la Montaña escuchando y asesorando a los que allí se organizan.

De las filas de los normalistas han salido un notable número de luchadores sociales, importante indicio del poder que tiene la educación para crear conciencia. Junto con el reparto agrario, los derechos laborales, y la afirmación que las riquezas del subsuelo eran propiedad de la nación, el proyecto educativo fue uno de los más importantes legados de la revolución. Ante gobernantes que se han propuesto desmantelar estas conquistas revolucionarias, han salido a las calles aquellos que no se resignan ante justificaciones indignas. Othón Salazar es un símbolo de este proceso y su ejemplo un caso de la dignidad revolucionaria que, por más que los gobernantes han querido tratar de ignorar o reprimir, sigue recorriendo el territorio mexicano.

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¿Quién fue Don Othón Salazar?

Carmen Aristegui conversa con Iván Garcia Solis, miembro del Movimiento  Revolucionario del magisterio y Amparo Ruiz del Castillo, Profesora Investigadora de la UNAM:

Parte 1

Parte 2

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No Comments to “Othón Salazar: Maestro, Hombre de Bien y Revolucionario Auténtico”

  1. Rocio, gracias por señalarnos el error del pie de la foto, ya está corregido 🙂

  2. El nombre del maestro esta mal escrito, su nombre es “Othón Salazar Ramirez” (Salazar con “S” no con Z. De cualquier manera agradecemos las notas y comentarios escritos a cerca de él.