El TLC expulsó 6.2 millones de mexicanos a USA

Roberto González Amador y David Brooks (Enviados de La Jornada)

Washington, DC, 19 de octubre. En un periodo que coincide con la liberalización del sector y la apertura de fronteras a la importación de alimentos, el campo mexicano perdió una cuarta parte de sus habitantes en una década, reveló el Banco Mundial (BM). Y el ingreso que obtienen los que se quedaron ha perdido un tercio del poder adquisitivo que tenía hace 20 años, de acuerdo con un informe elaborado por el organismo.

La situación en México refleja el panorama del campo de América Latina. En la región, la agricultura da empleo a 30 de cada 100 personas, pero sólo genera 7 por ciento de la producción. “El sector marcha bien, pero a la gente no le va bien”, dijo Alain de Janvry, uno de los autores del informe.

Un panorama poco alentador para el campo mexicano fue el que puso sobre la mesa el Informe del desarrollo mundial, la publicación anual del BM que este 2007, como no ocurría desde hace 25 años, fue dedicado al tema de la agricultura. El tema fue elegido porque ahora el organismo multilateral, como dijo su presidente Robert Zoellick, ha llegado a la conclusión de que “un programa dinámico de agricultura para el desarrollo puede beneficiar a los casi 900 millones de habitantes de las zonas rurales de los países en desarrollo que viven con menos de un dólar por día”.

Como explicó Francois Bourguignon, vicepresidente y economista principal del BM, el incremento de la producción en el sector agrícola tiene un efecto mayor en la reducción de la pobreza que una mayor producción en otros sectores, como el industrial o los servicios.

El informe, titulado Agricultura para el desarrollo fue presentado hoy en el marco de la reunión anual del Fondo Monetario Internacional y el BM. Robert Zoellick consideró que los países deben poner en marcha reformas fundamentales, como reducir las subvenciones que distorsionan el comercio y abrir los mercados.

Para México la relevancia de la agricultura, un sector dejado de lado en los programas oficiales y en las asignaciones de presupuesto en las últimas décadas, quedó de manifiesto este año. El incremento en la demanda mundial de maíz y caña de azúcar, básicamente para la producción de biocombustibles, provocó un desajuste de precios en el azúcar y la tortilla. El próximo año, serán eliminados completamente los aranceles para las compras de maíz y frijol, como parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

John Nash, economista del área de desarrollo sostenible del Banco Mundial, comentó en una conferencia de prensa que la próxima eliminación de los aranceles mexicanos a la importación de granos desde Estados Unidos y Canadá “tendrá un impacto modesto” en el mercado mexicano de maíz, frijol y azúcar, los tres productos que dejarán de estar protegidos. “Puede haber un efecto positivo de la apertura de la frontera, en especial para los productores de maíz”, dijo.

Ese comentario fue cuestionado por Karen Hansen-Kuhn, analista de ActionAid, una organización no gubernamental con sede en Washington que trabaja en 40 países en programas alimentarios y de lucha contra la pobreza.

“El TLCAN ha sido devastador para los pequeños productores en México. Varios millones de ellos han sido desplazados de sus tierras desde que comenzó a funcionar ese acuerdo y ahora que los precios de los granos se han elevado sensiblemente, el sector agrícola se encuentra devastado de una manera tal que es muy difícil para los campesinos regresar a producir sus tierras”, comentó Hansen-Kahn a La Jornada.

Los precios del maíz se han elevado, pero los apoyo que deberían recibir los agricultores del gobierno, como ocurre en otros países, han sido eliminados, añadió. “Eso es lo que ha promovido el Banco Mundial”. Mientras tanto, añadió, el control de las corporaciones privadas sobre el sector agrícola ha aumentado y aunque los precios son más altos para los productos del campo, los pequeños productores no se benefician de esa situación, agregó.

Décadas de retroceso en el poder de compra

En el informe publicado hoy, el BM ofrece algunos datos sobre la situación de la agricultura en México en 2007, dos décadas después de que comenzaron a ser retirados los apoyos oficiales a la actividad y transcurridos 13 años desde que entró en vigor el TLCAN.

La población rural en México es de 24.8 millones de personas, que equivale a 24.3 por ciento del total de habitantes del país. La producción agrícola anual es de 24 mil 339 millones de dólares, apenas 3.9 por ciento del producto interno bruto (PIB), según el reporte. El país tiene una extensión cultivable de 27.3 millones de hectáreas, comparadas con las 177.8 millones de hectáreas en Estados Unidos y las 52.1 millones de Canadá. Las hectáreas per cápita en cuanto a la población rural entre los países firmantes del TLCAN son: 1.2 para México, 30.6 para Estados Unidos y 72.9 en Canadá.

Un aspecto tratado en el estudio es el demográfico. En abril pasado, el Banco Mundial publicó un reporte en el que aseguró que México era el país que más trabajadores migrantes expulsaba en el mundo. En el informe divulgado este viernes, el organismo retoma el tema de la migración.

En referencia a México, asegura que la migración puede ser una importante fuente de ingreso por remesas pero suele provocar cambios drásticos en la composición de la población rural. Quienes dejan el campo para ir a trabajar a otro lugar dentro o fuera del país son jóvenes y los de mayor instrucción en su comunidad.

Específicamente señala que al menos una cuarta parte de los mexicanos que vivían en el medio rural en un rango de edad de 15 a 24 años dejaron el campo en una década para ir a trabajar a centros urbanos o a otro país. La migración rural mexicana, añade el reporte, es mucho más común entre los hombres que entre las mujeres y entre los no indígenas que los indígenas.

Respecto a otro aspecto que caracteriza la vida en el campo, la caída en los ingresos, el Banco Mundial menciona que es “evidente” que en varios países de América Latina los salarios han disminuido. En Brasil, señala, los agricultores han perdido un tercio de su ingreso en los últimos 30 años.

Para el caso de México apunta que entre 1988 y 1996 los trabajadores agrícolas perdieron 30 por ciento de su poder adquisitivo y no lo han recuperado desde entonces. En contraste, añade, los salarios reales han aumentado en la mayoría de países de Asia y Africa. En Paquistán, por ejemplo, se triplicaron y en Sudáfrica se duplicaron.

En América Latina, el auge de la producción agrícola durante la última década no ha tenido un impacto en la reducción de la pobreza, comentó Laura Tuck, directora de desarrollo sustentable del BM, al comentar el informe. El reporte dice que para potenciar el impacto de la agricultura en la lucha contra la pobreza es indispensable un mejor manejo de los áreas de gobierno encargadas de la gestión agrícola y también en la asignación de los subsidios. En la región, 54 por ciento de los subsidios gubernamentales se van directamente al sector privado.

“Es necesario transformar una agricultura tradicional y de baja productividad en una moderna y comercial para generar crecimiento y empleos”, según el informe.

Cartón de Hernández

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